FÁCIL, COMO ROBARLE UN DULCE A UN NIÑO…

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Una vez escribí que los seres humanos eran estúpidos. Darwinianamente estúpidos (referido a Charles Darwin, no al estúpido que usa su nombre en Océano FM). Parece que la selección natural favoreciera al más estúpido, aunque se trata de un truco de la naturaleza, un pase mágico – cortina de humo que oculta detrás de algo otra cosa que en realidad es lo que va suceder.

Como pasó con los dinosaurios, vió? Los empezó a agrandar y agrandar hasta que los mismos ya no tuvieron posibilidad de sobrevivir en el futuro que se avecinaba, y fueron sucedidos por bichitos que eran apenas perceptibles entre las patas de los gigantes del momento: los synápsidos (o protomamíferos).

Vemos hoy cómo los seres predominantes en este planeta van quebrando códigos y suplantando vida ancestral por vida artificial, insertando genes en antiguas (y reales) cadenas de ADN, tratando de engañar al planeta tierra para que las reproduzca como propias… se creen más “vivos” que la Tierra misma. Que los 5.000 millones de años no le han enseñado nada al ser que custodia esto (llámele “ser” o “entidad” o “inteligencia” o “espíritu” o “zeitgeist” o… “naturaleza”), y no tiene anticuerpos para detectar que hay partículas extrañas a su diseño que deben ser removidas.

Hay gente muy ilusa, que ve la Realidad, pero no ve lo Real. La diferencia entre un árbol, y la mesa y sillas hechas a partir del árbol.

Los dejo en paz, presos de su ilusión, van a bailar como en un pogo de Los Redondos.

Los que quieran entender: ya el mundo de la modernidad binaria, no existe. Hoy somos hijos del FACTOREO. Hemos sido reducidos y divididos en factores,: gays, negros, trans, gordos, pelados, metrosexuales, chetos, punks, etc etc.

No olvidemos: aún somos seres y aún estamos vivos; “leo esto, por ende, existo”.

Mi hijo, tu hermano, mi amigo, el tipo que va al lado en el bondi, el travesti de la esquina, el gordo que hace aikido, el negro que pesca en la rambla, la mujer que maneja y se salta la roja del semáforo y la puteo: todos somos lo mismo, del mismo lugar venimos y al mismo lugar vamos.

Sobre ese lugar, hay tantas creencias como seres humanos sobre la tierra.

Una sola cosa: hay una gran inteligencia que une los átomos que nos conforman, sin que pensemos en ellos y cómo lo hacemos. Si vio una persona morir, sabe de lo que hablo.

Hace poco leí la última obra de Ernest Hemingway que me faltaba: “Por quién doblan las campanas”. Alguien herido de muerte le dice a otra persona amada: “Vete! Dónde quieras que vayas, yo estaré contigo…”

“Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti”.
John Donne, “Devotions Upon Emergent Occasions”
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