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CAPITALISMO MÍSTICO

20 julio 2010

“Cuando digo “Capitalismo”, quiero decir Capitalismo completo, puro, incontrolado, no regulado, laissez-faire. Una completa separación del Estado y de la economía del mismo modo y por las mismas razones por las que existe separación entre el Estado y la Iglesia”. (Ayn Rand)

Esta tremenda frase proviene de una escritora ruso-norteamericana que es muy respetada, casi adorada, por el pensamiento “liberal” moderno del tipo intelectual.

Esa “intelectualidad” de derecha (en el sentido que derecha significa respeto total e irrestricto por la propiedad privada y la acumulación de dinero), suele creer al pie de la letra estas ideas dogmáticas, sin pensar muy profundamente qué significan.

El peor modo de tratar de demostrar la falsedad absoluta que encierra El Capitalismo como sistema de vida, es poner sobre la mesa terminología del tipo “relaciones de producción o “términos de intercambio”; los derechistas-liberales, huelen la mierda como escarabajos estercoleros, y saben reconocer los eufemismos a kilómetros de distancia. Viven de propagar falacias.

Por ende, digamos que no pretendemos demostrar nada más que lo que se desprende llana y lógicamente de esas ideas.

Hay una frase de Buda, que me parece bien al caso: “No creas en algo por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan creerlo; créelo después de someterlo a la razón y a la voz de la conciencia”.

Vuelvo a la frase de Ayncita Rand: “Capitalismo puro e incontrolado”.

Imaginen que la casa Ferrari dijera que sus autos serían perfectos si no tuvieran frenos.

El problema es que hay “intelectuales” que dan por supuesto, como axiomas, que ciertas creencias son verdades. Sencillamente porque son educados por el  sistema cuyas premisas son precisamente esas.

El Estado, no es sino una manifestación del Poder, y es un instrumento de la clase social o la elite que lo controla. Gestiona un reparto en el cual salen beneficiados unos en detrimento de otros. El asunto es que a veces esa elite no está alineada con un grupo más poderoso a largo plazo: los que mantienen y controlan a los pensadores-comunicadores.

Cuando los que tienen riquezas ven sus ganancias disminuidas, se empiezan a mover las ruedas del pensamiento y la comunicación masiva. Para eso ponen dinero en las universidades, en los medios de comunicación, en las artes. Así aparecen “nuevas ideas” o se reciclan viejas (el “neoliberalismo” es un claro ejemplo).

El asunto que preocupa a los pensadores liberales a sueldo, desde los tiempos de Adam Smith, es tratar de separar la economía de la política o la ética, y convertirla en una manifestación de la realidad diferente, una entidad de otra naturaleza, un dios que se rige por leyes que no son humanas.

Por eso predican que las personas no deben entrometerse en los asuntos del Mercado. Nadie, ni el estado (como representante de la clase dirigente), ni la religión (y su ética-moral). De lo contrario, las consecuencias serán terribles, una maldición nos envolverá con mil plagas.

Eso está claramente expresado en la frase de cabecera de esta nota, “por las mismas razones que existe separación entre el Estado y la Iglesia”. Esta analogía vincula el tema del dinero a un asunto místico. Y lleva dentro la semilla del ideario fascistoide: algo “puro” tiene que ser necesariamente “bueno”. Aunque sea “pura mierda”.

Y la postura es llevada a la superchería o “fantaciencia”, por gurús tipo Milton Friedman, que hablan de “una mano invisible” que rige los mercados. ¿“La mano de Dios”?

Es ridículo, pero mucha gente lo toma en serio.

Tiene que haber una explicación los suficientemente irreal para que usted no se entrometa en estos asuntos, porque tiene que haber una explicación para que usted se aguante siendo pobre, mientras ve que otros son ricos. Y si esos ricos no son ni más inteligentes que usted, ni más lindos que usted, ni más trabajadores que usted… son ricos por la gracia de Dios.

Dios Capital, en este caso. La cara fea de la deidad.

La que hace que los niños africanos tengan una panza “así de grande”, y que Paris Hilton tire canapés de caviar por la ventana para ver si caen del derecho o del revés.

No crea que no me pregunto sobre la otra cara de la moneda: el socialismo.

El problema con el Socialismo, es que nació fascinado por el Capitalismo. Anhela tener toda esa riqueza, para repartirla.

Dice un pensador argentino, (con el cual concuerdo siempre en el análisis del capitalismo pero no en las soluciones al mismo), Eduardo Sartelli, que el socialismo es la sociedad de la abundancia, y no del trabajo. Que solamente en la abundancia hay libertad, porque de lo contrario la necesidad termina por hundir cualquier gestionamiento. En parte es verdad y en parte encierra una nueva falacia.

Salvo que cuando dice “abundancia”, se refiera a “tiempo”.

Las personas se mueven dentro del Mercado, con la siguiente lógica: “Como tengo que trabajar todo el día, no tengo tiempo para nada y necesito llegar más rápido al trabajo, y volver rápido a casita para ver a los nenes antes que se duerman, entonces me compro un FIAT. Como no sé de donde cornos sacar la plata, porque no me alcanza ni para pagar a la empleada (que necesito para que me cuide los nenes porque no estoy nunca en casa), trabajo dos horitas extras más… que no me permiten estar tranquilamente con mi pareja, y como el poco tiempo que paso con ella nos pasamos discutiendo sobre las cuentas que no podemos pagar, necesito un terapeuta”.

Y así hasta llegar a la dulce vejez, en donde ya seguro que no nos alcanzará ni para llevar a los nietos a Mc Donalds.

Estamos al servicio de la circulación de la moneda y de las mercancías, y es absurdo, pero suena “natural”. Y suena así porque estamos muy alejados de la ética y el criterio acertado con el cual hay que valorar al dinero. No es Dios, ni el mercado tampoco proviene de otro lugar que no sean nuestras necesidades muchas veces ilegítimas o innecesarias.

Sacrificamos en ese templo mucho más de lo que sospechamos.

No podremos salir de esa lógica, mientras no aprendamos a descubrir cuales son las necesidades realmente “necesarias” para ser felices, y cuales las que son efímeras.

No habrá paraíso mientras tanto. Ni socialista, ni capitalista, ni ecologista.

En breve hablaré del ecologismo, como opio de lo pueblos modernos.

Gracias por su tiempo.

* (“Annuit Coeptus”, significa “Justifica lo iniciado” y “Novus Ordo Seclorum”, “Nuevo Orden de los Siglos”. Amén…)